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La Soledad

 

La soledad suele tener una connotación negativa asociada a estados de ánimo depresivos o melancólicos, pero sin embargo también tiene una cara más ligada a la creación artística, la inspiración y la reflexión introspectiva como tiempo necesario para confrontarnos con lo que somos, con lo que hicimos y con lo que queremos.

De la soledad padecida a la soledad necesaria. De la soledad involuntaria a una elección posible. De la soledad como un hecho contingente, a la soledad como hecho estructural irreductible del sujeto humano que se sustrae a la lógica social, algo de su singularidad que resulta inatrapable por el orden cultural. De la soledad que surge a partir de los encuentros y desencuentros en el lazo con los otros, a la soledad radical del acto de responsabilidad subjetiva donde no hay ningún Otro oracular que garantice ni Amo de su destino que pueda tomar su lugar, que pueda decidir por él.

La soledad no es lo individual. No es del mismo compuesto que el individualismo. La soledad tiene en cuenta la ausencia del Otro. El Otro como ausente no quiere decir que no haya. La soledad está atravesada por el Otro que nos habita. Muchas veces la experiencia de la soledad tiene que ver con ese registro del Otro que falta, como una ausencia muy presente, un recuerdo siempre evocado, el Otro que se tiene en la distancia, espacial o temporal, hasta quizás también esas otras voces que hablan en nosotros mismos y que escuchamos en soledad. El escritor Henry Thoreau lo expresa así: “Jamás hallé compañera más sociable que la soledad”.

En tiempos de Pandemia y confinamiento, donde el aislamiento social de los cuerpos se impone como una medida de resguardo y cuidado, la soledad puede presentarse con su cara mortificante, como algo que pesa y angustia.

La soledad no es un problema en sí misma. Hay momentos en todo sujeto donde la soledad puede ser una experiencia muy disfrutada y hasta necesaria. En ese sentido habría que verificar en qué caso y de qué manera la soledad es un problema para un determinado sujeto en particular. Por lo general cuando una persona relata los problemas de su soledad comienzan a aparecer otras cosas.

Se trata de otros asuntos que aparecen acompañando a la soledad, pensamientos displacenteros, sentimientos de culpa, insatisfacciones, ideas asociadas al fracaso, sensaciones de incapacidad, desvalorizaciones, también rencores, enojos, odios, una telaraña infinita de pensamientos que se conectan, miedos, malos recuerdos, etc. A veces en la soledad se está más aferrado que nunca a ese registro del Otro con quien relaciono mi padecimiento. El Otro en las fantasías tiene un lugar central, allí donde convergen todos estos pensamientos, recuerdos y sentimientos. Entonces hay soledades donde la persona parece estar muy acompañada de sus fantasías. Que pueden ser angustiantes, displacenteras, malas o buenas, gratificantes o muy aplastantes. El psicoanálisis se ocupa de ese campo que muchas veces está oculto hasta para el propio sujeto. El fantasma es un concepto del psicoanálisis que localiza esa instancia inconciente que condiciona la vida de las personas en forma inadvertida, pero que se verifica allí donde alguien no puede evitar repetir las mismas escenas que le generan displacer por ejemplo.

La literatura y el cine han abordado el tema de la soledad en infinitas obras. La soledad de un amor no correspondido, la soledad de una separación, un duelo, la soledad del abandono, también la soledad del náufrago que se ve llamado a inventarse un “Wilson”, esa pelota que podría ser cualquier objeto de transición que acompañe y haga tolerable la experiencia solitaria. Encontramos la soledad del errante, la del marginado, la soledad del soltero pero también la soledad en una relación de pareja, la soledad del aislamiento, la soledad del encierro por cuidado o por castigo, la soledad del temeroso, del paranoico que en su proliferación de sentidos conspirativos no deja de encontrar perseguidores de quienes debe escapar. La soledad del fóbico, pero también la del temor a perderse en la multitud, quedar indiferenciado en la masa; o la soledad que se padece estando rodeado de gente que la película The Truman Show entre otras cosas pone de manifiesto, la soledad estando con otros, ese que se siente “sapo de otro pozo”.

Esas son solo algunas de las formas que puede tomar la soledad, sin pretender colmar su significado. Podemos hablar entonces de soledades en plural, para resaltar que hay muchas variables que entran en juego dando formas distintas a su modo de vivenciarla.

Finalmente hay un más allá de la soledad como estado (de ánimo, civil, temporal, evolutivo, o lo que sea), donde nos encontramos con la soledad del acto en sí mismo. Esa decisión única e irrepetible que pertenece al sujeto y que es su entera responsabilidad, ya que allí está convocado a responder, en la medida de sus posibilidades. Esos acontecimientos de la vida que pueden ser mínimos o mayores, que muchas veces nos marcan un antes y un después en nuestra vida o en un momento de nuestra historia, como puede ser la decisión de comenzar una carrera, cambiar de trabajo, un casamiento, una separación, tener un hijo, hacer una declaración de amor, entre infinitas escenas donde el sujeto podrá pedir ayuda, consejos, sugerencias, acompañamiento pero que nadie podrá realizar en su lugar. En ese sentido el trabajo con el analista es el que se orienta a acompañar al sujeto hasta las puertas del acto, un acto intransferible y sin garantías que le concierne sola-mente a él, ese acto que, al decir de Lacan, le arranca a la angustia su certeza.

Comentarios:

Silvia

14 de agosto del 2020

Es lo que creo. Estar solo es maravilloso, creativo y reconfortante. Me ayuda a conocerme por dentro y a saber que es lo que deseo

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