ATENCIÓN: La Salud Mental es igual de importante que la salud física. No la descuidemos. Hacé click aqui para conocer más sobra la modalidad de atención online.

Sueño y Pesadilla

     Nada más misterioso en la vida anímica que los sueños y nada más aterrador que la pesadilla. Cuando soñamos nos sumergimos en una cantidad de imágenes que la mayoría de las veces son bizarras, incoherentes y absurdas y que además nos parecen que carecen de sentido. Cuando nos despertamos de los sueños sentimos que fue algo raro pero nos acomodamos nuevamente a la vida y a la rutina diaria. No ocurre lo mismo con la pesadilla: nos despertamos con una sensación de horror, transpirados por la reacción corporal frente al peligro inminente y nos cuesta unos largos minutos reconciliar el sueño en los mejores casos. Es justo subrayar que cuando soñamos seguimos durmiendo pero cuando tenemos pesadillas, despertamos. ¿Pero despertamos a qué?

     Si observamos con cuidado la imagen que acompaña este artículo vemos una de las pinturas más representativas de la pesadilla, esta pintura se llama “Íncubo”, es de Henry Fuseli y data del año 1791. El íncubo es ese ser no muy agradable que se posa sobre el pecho de la mujer que duerme. La característica de los íncubos (versión masculina) y súcubos (versión femenina) es la de arrebatar sexualmente a la víctima que se encuentra soñando como así también causar pesadillas, no tan alejado está Freddy Krueger recordando la saga de películas y si ahondamos más en el tema encontramos que en Bolivia se lo llama “La sajra”, en Brasil “Boto”, en Colombia “Bohán”, en Guatemala “El sombrerón”, etc. Pero volvamos a la “realidad”, cuántas veces nos sucede que frente a un hecho traumático vivido nos parece que es como un sueño, que no podemos despertamos de lo que nos conmovió y más aún soñamos con “eso” que superó nuestra capacidad de abordarlo (una muerte inesperada, un accidente impensado, etc.).  Freud en 1920 en su texto “Más allá del principio del placer” descubre que los sobrevivientes de la guerra sueñan constantemente con el mismo episodio traumático, episodios en los cuales no pudieron anticiparse, por ejemplo la caída de una bomba cercana a su posición. Por tomar un ejemplo más cercano, la tragedia de Cromañón generó en varios de los sobrevivientes pesadillas en las cuales se revivía nuevamente la tragedia. Necesariamente tenemos que hablar de algo traumático, algo que no se puede elaborar. Freud nos dice que esa función de la pesadilla es la de poder elaborar algo que en su momento fue sorpresivo y de afecto inabordable. Vemos como la pesadilla tiene su función también, aunque nos despierte muy agitados, la de comprender lo horroroso vivido;  los sueños en cambio permiten que sigamos durmiendo, carecen de esa distinción peculiar: el horror.

     Volvamos a los sueños.

     Desde el psicoanálisis sabemos que los sueños son expresiones de deseo que se manifiestan mediante imágenes que si están en un proceso terapéutico son posibles de interpretación. El contenido manifiesto del sueño es diferente del contenido latente, en el primero sobresale lo dicho sobre las imágenes soñadas y en el segundo, mediante la interpretación, se llegan a los pensamientos y deseos ocultos que encontramos metaforizados en el contenido manifiesto. Por ejemplo, alguien sueña que un amigo suyo se encuentra en una pileta en donde sale un vapor, un humo seco, típico de objetos congelados (contenido manifiesto), luego este sueño puesto a trabajar en una sesión puede informarnos, no sin sorpresa, de la penosa situación en que se encuentra esa relación de amistad, es decir “congelada” o también que la relación se encuentra distante, “fría” (contenido latente) siendo el deseo el de restablecer la misma. El sueño tiene palabras claves que en un análisis remiten a otras cosas, en este caso “congelado” remite no solo a un efecto térmico sino a una relación de amistad.

     Volvamos nuevamente  a la pesadilla.

     Lo que le falta a la pesadilla es esa capacidad con la que el sueño cuenta: es decir el soñar permite seguir durmiendo metaforizando los deseos inconcientes y es esto lo que justamente falla en la pesadilla. De ahí el terror que genera, es como un punto ciego, un lugar sin referencias, un vacío. Si observamos nuevamente la imagen (pueden buscarla en internet: íncubo + Henry Fuseli) percibimos un caballo cuyos ojos no están, solo están los ocelos (serían las manchas redondas sin los ojos), he ahí el horror: ¿qué mira este caballo? Qué quiere? Se pierde la referencia, no sabemos qué quiere. En el sueño algún significado podemos encontrar, no así en la pesadilla o no a primera vista.  Retomando la pregunta del primer párrafo  ¿a qué despertamos en una pesadilla?: posiblemente a esos puntos nuestros, inconcientes, que no tienen referencia alguna, que forman parte de nuestra vida y de nuestra condición de seres humanos y que por medio de soñarlos varias veces y de poder trabajarlo en un espacio de análisis podemos darle algún sentido… para poder seguir durmiendo o para… despertar!

Dejá un comentario