La Angustia

La angustia es una emoción que en general nos cuesta descifrarla, es ese "nose qué" que uno siente en el pecho o en el estómago.

    Nos genera incomodidad, intranquilidad y a medida que pasa el tiempo sin darle importancia o atención, lo empezamos a sentir de manera más intensa y hacia otras partes del cuerpo y situaciones.La angustia es un aviso de que algo que estamos pasando no es placentero, no la estamos pasando bien y lo estamos forzando. En algunas ocasiones no nos damos cuenta y otras no queremos darnos cuenta. Pero el costo por querer taparlo es alto.

    Cuando hay angustia hay que escuchar, reencontrarnos, entender y darle lugar a eso que nos pasa. Muchas veces no le damos atención porque creemos que “no pasa nada” o “ya va a pasar” pero como es importante ir al traumatólogo para revisar nuestros huesos, también es importante darnos ese espacio cuando estamos mal.

     

    Claves para superar la angustia

    1.- Tomar conciencia de las propias posibilidades y desarrollarlas

    Si las potencialidades del individuo no se cultivan, se anquilosan y mueren, como las piernas inmovilizadas, que se atrofian y ‘pierden’ hasta la capacidad de andar. Me lo decía un día una persona que había sufrido un esguince de tobillo y había estado tres semanas inmovilizada: “Parece como si ahora, tras la retirada de la escayola, no supiera andar”. De la misma manera, algunas personas se encierran tanto en sí mismas que se incapacitan para crecer psicológicamente.

    Lo que sigue son palabras de un paciente: “Me siento como metido dentro de una gigantesca caja de cartón sin posibilidad de contemplar todo lo que ocurre a mi alrededor: los gestos de cariño de mis hijos, el afecto de mi mujer, el aprecio de mis amigos…” Encerrado sobre sí mismo se empobrece y se incapacita para crecer. Podemos afirmar que el hombre angustiado se encuentra como dentro de un gran laberinto cuya salida está obstruida por la propia ansiedad.

    2.- Bajar el listón de la exigencia

    Cuando alguien en la consulta me dice: “No puedo más. Intento hacerlo todo bien, y es imposible. Pienso que no sirvo para nada”, yo le recuerdo que puede ocurrir que no se consiga superar la prueba, no por ser ‘mal deportista’, sino porque ‘el listón’ está demasiado alto. En el conflicto de objetivos y metas a conseguir, la solución no pasa por machacarse afirmando que uno es “un inútil”, “un desgraciado” o “un parásito”, sino más bien reflexionar y rebajar el nivel de exigencia, de responsabilidad, de aspiraciones.

    3.- Necesidad de elegir una opción

    En cierta ocasión, una persona me dijo: “Estoy muy preocupado, pues mi relación con el jefe se va deteriorando, y no sé si marcharme de la empresa o pedir un cambio de puesto de trabajo”. Es cierto que la ambigüedad es una fuente de ansiedad; por eso, ante la duda, lo mejor es elegir, tomar partido. Es mejor equivocarse que continuar en la angustia de la ambivalencia.

    4.- Rescatar los aspectos positivos

    Toda pérdida (de salud, de un trabajo, de un ser querido, de posición social, de dinero, etc.) supone desprenderse de algo valioso. La solución se encuentra en potenciar todo aquello que el objeto perdido nos ha proporcionado: bienestar, compañía, cariño, admiración, respeto, etc.

    5.- Acompañar durante la crisis de angustia o el ataque de pánico

    Por definición, la crisis de angustia es un descontrol que el sujeto no puede neutralizar. Sus síntomas de ahogo, palpitaciones, mareo, etc. no son voluntarios ni caprichosos, por lo que es exigible de parte de la familia que manifieste comprensión y ponga todos los medios para que el paciente se sienta acogido y no rechazado o incomprendido. Hay que procurar una atmósfera relajante, donde no se produzcan reproches por los síntomas, sino más bien compartir su malestar y transmitir que será un proceso breve y sin resultados graves.

    6.- No tomar una postura muy alarmista en una crisis de angustia

    Cuando un familiar o un amigo con ansiedad está experimentado alguno de los síntomas de una crisis de angustia, es mejor no adoptar un comportamiento de excesiva alarma, como salir corriendo hacia el hospital o llamar a la urgencia médica, pues ello le transmitiría al enfermo ansioso una gravedad que en realidad no existe.

    7.- Practicar ejercicios de relajación y evitar la hiperventilación

    Si conocemos alguna técnica de relajación, deberíamos tratar de que la persona afectada por ansiedad la realice o, simplemente, hacer que el paciente respire dentro de una bolsa de plástico, pues de esa forma conseguiremos que reduzca su hiperventilación, que es la causa fisiológica de su crisis de angustia.

    Comentarios:

    karina

    24 de julio del 2019

    Muy buen articulo!!!

    Maximimiliano

    24 de julio del 2019

    Buenas tardes, mi nombre es Maximiliano y queria comentar mi problema , hace varios meses vengo sintiendo un vacio emocional

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