ATENCIÓN: La Salud Mental es igual de importante que la salud física. No la descuidemos. Hacé click aqui para conocer más sobra la modalidad de atención online.

Terapia de Aceptación y Compromiso

 
 

Primero lo primero


Como terapeuta, tanto desde lo personal y como desde cuestión ética de la profesión, considero que es sumamente importante mantener informados/as a los/as consultantes respecto a qué tipo de terapia van a recibir. Esto forma parte del Consentimiento Informado. El Consentimiento Informado es un elemento obligatorio en cualquier tipo de tratamiento. En este (ya sea escrito u oral) se le debe explicar a los/las pacientes qué se espera que pase en las sesiones, poder responder sus dudas, la manera en la que se abordará cada consulta, la duración de cada una de ellas, los honorarios, el derecho a acceder a otros tratamientos alternativos, qué hacer si hay riesgo para sí y/o para terceros/as, etc.
 
Si el/la mismo está de acuerdo, se inicia el tratamiento de forma regular.
 

¿Qué es, entonces, la Terapia de Aceptación y Compromiso?


En primer lugar, me resulta sumamente útil poder volcar en unas palabras el tipo abordaje, para agrupar y emprolijar ideas esclarecedoras.
 
La terapia de Aceptación y Compromiso, ACT, por sus siglas en inglés (Acceptance and Commitment Therapy) es un modelo teórico “desprendido” de la Terapia Cognitivo Conductual estándar. Pertenece a la llamada “tercera ola/generación” o “terapias contextuales” dentro del campo de la Psicología Clínica.
 
ACT es un modelo teórico de Psicoterapia, cuya base filosófica (Contextualismo Funcional), no considera a las personas como “enfermas” o que deban curarse. Se parte de la idea de que se deberá observar, si determinadas formas de estar en el mundo (acciones), son adecuadas en un momento y contexto en particular y si las mismas están siendo guiadas (o no) por los valores personales de cada consultante; es decir si el/la mismo/a está actuando acorde a quien quiere o quisiera ser en su vida.
 
ACT, desde su abordaje terapéutico, apuntará entonces a intentar cambiar la forma en que tendemos a relacionarnos con nuestras experiencias privadas (pensamientos, ideas, recuerdos, sensaciones, emociones, imágenes).
 
¿Alguna vez se detuvieron a observar cómo solemos relacionarnos con nuestras experiencias privadas?
 
En la mayoría de los casos, intentamos erradicar todos aquellos pensamientos, emociones, sensaciones e ideas consideradas como "negativas” (que nos generan malestar en determinados contextos). Sin embargo, fracasamos sistemáticamente en esta lucha. Es por eso, que sería mejor que, en lugar de intentar modificar lo que pensamos y/o sentimos, hagamos un esfuerzo para quitarle (o reducir) la evaluación y el juicio a eso mismo; para que disminuya el impacto que tienen nuestros pensamientos sobre lo que hacemos y cómo.
 
Por ejemplo: pienso que soy tonto/a y esto me lleva a evitar hacer cosas que puedan hacerme sentir un tonto/a (incluso cuando sean actividades de disfrute y/o valoradas personalmente): no intentar hacer un paso de danza para no sentirme ni creerme un/a tonto/a (cuando me gusta la danza y lo considero algo importante en mi vida).
 
En estos casos, evitar la incomodidad se está volviendo nuestro amo; en lugar de atravesarla (a la incomodidad) para acercarnos a algo considerado valioso (danza), lo que nos mueve es el no afrontar el malestar que podría generarnos equivocarnos. Por lo tanto, nuestra manera de relacionarnos con dicho pensamiento negativo (voy a bailar mal) es la Evitación (desde lo conductual), privándonos de algo que nos hace bien, más allá de los errores que podamos tener.
 
Por otro lado, las diversas adversidades que con las que nos topamos día a día, muchas veces, nos llevan a pensar y sentir que actuamos mal, junto con ello, aparecen palabras aversivas (como “SOY un/a tonto/a”), por ejemplo. Esto puede volverse un problema si esta forma de hablarnos, se torna predominante y termina moldeando nuestro self o identidad, la cual terminará apegada a un repertorio verbal que se ha vuelto invalidante: creerme realmente un tonto/a en diversas situaciones, no solo en el baile.
 
¿Observaste qué hacés con tus experiencias privadas inaceptables? ¿Quién es tu amo en esos momentos? ¿Cómo te tratás? ¿A qué te lleva esa manera de vincularte con pensamientos y emociones incómodas?
 

Recursos terapéuticos


Por este mismo motivo, en ACT, se van a usar fuertemente recursos experienciales (no exclusivamente: también usaremos metáforas simbólicas, ejercicios guiados, conversaciones terapéuticas, meditaciones) para que el/la paciente se exponga a esas experiencias internas que suelen generarle malestar; que les haga espacio, que deje que aparezcan y no se juzgue por sentir o pensar x cosa (para esto también trabajaremos la Autocompasión).
 

¿Qué es lo que buscamos desde ACT? ¿Qué es ese componente tan importante en esta terapia; los “valores”?

 
Una vez que el/la consultante (luego de entrenamientos y búsqueda de generación de nuevos hábitos saludables o reforzamiento de hábitos saludables ya existentes) pueda ir cambiando esa forma en la que se relaciona con lo que siente y/o piensa, podrá ir comprometiéndose (ahí está el componente “Compromiso” de la terapia) en su accionar ¿Para qué? ¡Para llevar la vida que quiere llevar! (y ese es el componente “Valores” de la terapia: qué es importante para cada uno/a). Así, la propuesta será que los valores se vuelvan la brújula y las acciones los marineros que siguen su dirección día a día, minuto a minuto, aceptando olas, tormentas, adversidades y dificultades; adaptándose flexiblemente a las mismas pero sin dejar de estar comprometidos/as con los valores considerados como importantes.
 
Esto también implica una apertura flexible al entorno(estar presentes con atención plena y genuina) junto con una acción comprometida con los valores, para vivir una vida que valga "la pena" ser vivida. Es por esto que, desde ACT, es importante, tanto para el/la terapeuta como para el/la consultante, tener disponibles y claros los valores de cada uno/a; para que estos puedan orientar el accionar. A veces, sucede que el/la paciente no sabe cuáles son sus valores o los mismos son confundidos con áreas vitales, metas u objetivos. El tratamiento, desde diferentes recursos terapéuticos, ayudará y guiará a las personas a esclarecer qué es importante para cada uno/a y tenerlos presentes para que estos operen como guía de sus actos.
 
La clarificación y presencia de los valores, genera un rol, no solamente comprometido, sino también proactivo por parte del/la paciente. El/la terapeuta irá haciendo de orientador/a pero será el/la consultante quien llevará las riendas del asunto mediante sus observaciones y sus conductas.
 
Se invitará a elegir cambiar los hábitos que se pudieron haber tornado disfuncionales (para el contexto actual), destacando que (también) son parte de quienes estamos siendo: no somos seres estáticos, nos pasan cosas constantemente; tenemos permanentemente la oportunidad de replantearnos quiénes queremos ser, a través de nuestras pequeñas acciones (acción comprometida).
 

Modalidad de abordaje


Por otro lado, desde ACT, no nos referimos a trastornos psicológicos o diagnósticos: Lo que guía nuestros abordajes psicoterapéuticos es el concepto de flexibilidad/inflexibilidad (o rigidez) psicológica. No hablamos de una modalidad de tratamiento orientada por diagnósticos, sino que se trabaja transdiagnósticamente; se abordan diferentes “diagnósticos” (para poner una palabra clarificadora) y el foco no será “curar” a las personas únicamente, sino también ayudarlos/as a vivir plenamente. Y en la vida cotidiana, más allá de la sesión en consultorio.
 
En relación a los conceptos base de flexibilidad psicológica versus inflexibilidad/rigidez psicológica, decimos que alguien es psicológicamente flexible cuando hay un predominio funcional para determinado contexto. Esto quiere decir que lo que la persona está haciendo le está resultando útil para ciertas circunstancias.
 
El objetivo de las intervenciones entonces, va a ser brindar herramientas prácticas para que el/la consultante responda lo más flexiblemente posible a sus experiencias internas (pensamientos, emociones, sensaciones, recuerdos, asociaciones, etc.)
 
Se intentará entonces, generar un contexto para desplegar cualidades que nos permitan un afrontamiento adecuado a cada contexto y situación. Por medio del cultivo de la flexibilidad, la apertura, la aceptación, la atención. Sin embargo, también serán importantes la paciencia, la voluntad, y la compasión (hacia los/as demás y nosotros/as mismos/as); motivaciones que podemos ir practicando juntos/as.
 
Dejá un comentario