ATENCIÓN: La Salud Mental es igual de importante que la salud física. No la descuidemos. Hacé click aqui para conocer más sobra la modalidad de atención online.

¿Quién Se Ha Llevado Mi Pizza?


LA PANDEMIA COMO EXPERIENCIA TRAUMÁTICA

Muchos piensan que con la llegada de la pandemia, el mundo como lo conocíamos hasta hoy ya no volverá. El problema sanitario, los factores económicos, el aislamiento, y la palabra “muerte” circulando a cada minuto en los medios de comunicación, nos hacen pensar que para unos más, para otros menos, la situación que atravesamos, es traumática.

El trauma… 

Un concepto central y a la vez muy asociado por la cultura popular con el psicoanálisis. De hecho, no fueron pocas las veces que amigos y conocidos me dijeron que evitaban comenzar un análisis por miedo a descubrir algún trauma… Por ello, siempre tengo a mano una metáfora cuando mis pacientes hablan de lo angustiante que puede resultar enfrentar sus propios fantasmas: La terapia es como arrancarse una curita, puede ser doloroso pero es un paso necesario para sanar. Mantener la herida tapada suele producir que con el tiempo esta se infecte más…

Ahora bien… ¿Qué podemos decir sobre el trauma?

Imaginate que  en medio de la noche te pegó el insomnio, por lo que tipo 4:00 A.M. te fuiste sigilosamente hasta la cocina a atacar la porción de pizza que habías dejado lista como para enfrentar una situación de emergencia. Abrís la heladera y ¡Pufff! El plato con la pizza no está…

Ante la situación de enfrentar el vacío y la cachetada que te dio la realidad, empieza el trabajo simbólico de intentar dar un significado a tan traumática situación. Te sacás tu traje de alma desvelada y te ponés el saco de Sherlock Holmes para empezar a desarrollar teorías conspiranoicas acerca de cuál fue el familiar malintencionado que se comió la porción de pizza que guardaste con tanto amor… Si vivís solo, lo mirás al perro con tu mejor mirada de Bruce Willis y pensás: “Jodeme que aprendiste a abrir la puerta de la heladera”... 

Ah… pero si vivís solo y no tenés ni perro, ni gato, ni un canario adicto a la fugazzeta, ahí te quiero ver… Porque una vez descartados el alzheimer y el sonambulismo en la consulta médica, y desechada la hipótesis de una abducción alienígena, te quedaste solamente con el efecto traumático de la misteriosa desaparición de la pizza. La cuestión es que mientras más precaria sea la explicación, más difícil es asimilar lo acontecido.

Ya se… puede ser caricaturesco hablar de una porción de pizza para abordar el tema de los efectos traumáticos de una pandemia, pero lo que me interesa destacar del ejemplo precedente es que el golpe de lo traumático nunca viene solo, sino acompañado de un trabajo mental simbólico que intenta dar una explicación a lo sucedido.

La siempre lúcida psicoanalista francesa Colette Soler nos dice que hay dos componentes en el trauma: 1) el golpe de lo real. A este nivel los sujetos somos “inocentes”, es decir, ni vos ni yo somos responsables de tener que fumarnos una pandemia, nos tocó de arriba. Tampoco nos sirve de mucho culpar al famoso chino que se comió una sopa de Batman en la otra punta del planeta. 2) Lo que la autora llama “las secuelas”. Estas son las repercusiones subjetivas, es decir, el modo en que la persona asimila o piensa el trauma. Respecto a esto, no somos meros espectadores pasivos, sino que estamos de algún modo implicados en la construcción de las mismas.

Soler ejemplifica esto tomando el caso de los sobrevivientes de catástrofes. Ante una misma experiencia, están los que piensan que fueron bendecidos por haber podido seguir viviendo, y aquellos que piensan que fue una malignidad del destino continuar con vida cuando los otros han muerto.

Freud, por su parte, pensaba al trauma como una experiencia que por su intensidad, provocaba un exceso de excitación que perforaba las barreras del psiquismo. Volvemos a considerar dos factores: en primer lugar, qué tan potente nos parece este cachetazo pandémico, y en segunda instancia, qué tan fuertes son las barreras de nuestro psiquismo, es decir, la calidad de nuestra armadura mental. Y en esto, podemos decir que hay personas con defensas más eficaces para tolerar el golpe.

Por otra parte, cada uno afronta la cuarentena con una mochila de vivencias previas. Aquellos que antes de la pandemia googleaban los síntomas de la tuberculosis ante el primer estornudo que tenían, hoy probablemente son más vulnerables ante la situación que vivimos. Ni hablar si previamente arrastrabas problemáticas de angustia, ansiedad, soledad, violencia familiar, y una larga lista de etcéteras. El encierro forzado puede contribuir a acentuar con creces estas problemáticas.

Ahora bien, Colette Soler nos dice que no hay nada en lo real, por más espantoso que sea, que no pueda ser suavizado por un discurso consistente. 

Son los discursos que nos llegan desde el medio social, en conjunción con los propios discursos que nos atraviesan (conscientes e inconscientes), los que pueden contribuir a amortiguar el golpe asestado por el trauma, o por el contrario, producir el efecto opuesto.

Por ello, espero que la lectura de estas líneas te sirva como momento reflexivo para pensar en cuál es la armadura de discursos con los que te has decidido a enfrentar el cachetazo pandémico, para que no te quedes como estaqueado frente a la heladera, sin saber qué hacer sin tu porción de pizza.

Comentarios:

Maca

14 de diciembre del 2020

me encantó este artículo...

Dejá un comentario
Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y términos del servicio de Google.