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La Pandemia No Pide Permiso

Andrea responde al llamado, muy conmocionada por la situación sanitaria y que su medica oncóloga le aviso que no asista al Hospital para no contagiarse de Covid-19. Andrea tiene 84 años y hace 5 años padece cáncer de pulmón, convive con su marido. Están solos, no tienen hijos ni familiares para ayudarlos en la tarea cotidiana. Para Andrea las visitas al consultorio eran un espacio fundamental para expresar sus temores por la enfermedad y manifestar las dificultades de convivencia. Su única hora en la semana para poder hacerlo. Las dificultades en la audición y no contar con internet imposibilito mantener la terapia dentro de un formato de atención online. Con el correr de los días, y ante los llamados que realizaba a su hogar para saber sobre su estado, me fui enterando del deterioro progresivo de su enfermedad, que antes del Aislamiento Obligatorio, se encontraba estable.

Verónica, docente de más de 30 años que convive con sus padres y dos hermanas, me informa que solo podría contactarse a través de mensajes de WhatsApp por no contar con un espacio de intimidad. El desborde de trabajo y la imposibilidad de poner un corte a los horarios en los que se comunican desde la escuela sumado a los problemas de convivencia (obligatoria) fueron generando un clima hostil entre todos los integrantes de la familia.

Sandra, de 28 años, vive en el Conurbano y cuida un adulto mayor en la Ciudad de Buenos Aires, fue cambiando el encuadre permanentemente y en alguna oportunidad me llamo en el horario pautado desde el medio de transporte que estaba utilizando en el recorrido de su trabajo a su casa, e intentamos sostener una conversación con las limitaciones del caso. Comenzó a manifestar un creciente miedo al contagio y cada día que pasaba disminuía la motivación en el trabajo y manifestaba enojos y agotamiento por su labor.

Estos tres casos nos acercan a la situación cotidiana en la clínica dentro del marco de esta Pandemia.

Durante muchos años la salud mental solo era circunscripta al ámbito del análisis personal e individual, en donde muchas situaciones sociales solo cobraban sentido si se relacionaban con la historia personal.

Hoy ya no podemos obviar que lo que ocurre a nuestro alrededor, en este caso, la pandemia nos involucra a todos. Como bien señala Moty Benyacar en “Lo Disruptivo”, la realidad social se filtra en los tratamientos, sin pedir permiso

Desde el ataque a las Torres Gemelas, se sabe que por cada muerto o herido de gravedad hay alrededor de doscientas personas afectadas psíquicamente en forma directa o indirecta. Esto sucede porque el potencial patogénico de las situaciones o entornos disruptivos es enorme si no se actúa convenientemente antes, durante y después de los acontecimientos. En cambio, sí hacerlo, nos podría permitir “Inmunizar psíquicamente a la población”, preparando, capacitando, informando y proveyéndola de herramientas a utilizar si los afecta de manera directa o indirecta el Covid-19.

Varias investigaciones están en marcha sobre el impacto del Covid-19 y las medidas de confinamiento, en la Salud Mental en el mundo y ya dan cuenta que se han agravado los casos de Ansiedad Generalizada, las Depresiones, los Suicidios, la Violencia, las Adicciones.

Estamos enfrentando una pandemia sanitaria sabiendo que la pandemia de salud mental podría ser mayor y requerirá estar preparados para contener a los afectados en los centros médicos, hospitales y los consultorios privados. A la situación sanitaria se le suma la tasa de desempleo que va en aumento en la mayoría de los países.

Lo que diferencia esta crisis de otras, por ejemplo, la producida por el 11-M en España, o los atentados a la Embajada de Israel y Amia que tuvieron un principio y un final, es que no se sabe cuándo va a terminar.

Este articulo tiene como fin preguntarnos como dar apoyo en estas circunstancias, a nuestros pacientes con los que venimos trabajando hace tiempo en el consultorio.

Entre nuestros pacientes se encuentran Profesionales de la Salud, Docentes, Adultos mayores, Niños y adolescentes, personas con enfermedades preexistentes, padres o madres que debieron modificar de un día para otro su modalidad laboral, con la consecuente convivencia durante 24 horas entre Zoom, Emails de los colegios, Clases Virtuales, proyectos anulados o postergados, alejamiento físico de amigos y familiares, temores, ansiedades, desinfectantes y barbijos.

Los psicólogos enfrentamos una situación muy compleja durante la pandemia, por un lado, debimos dejar nuestros consultorios, migrar, para algunos por primera vez, a la atención online, encontrarnos limitados con algunos pacientes a este tipo de abordaje con la preocupación que conlleva en los agravamientos de sus síntomas y no poder sostener su atención. Gobiernos locales y nacionales que han privilegiado actividades comerciales por sobre la salud mental de la población, no permitiéndonos asistir a un gran porcentaje de nuestros pacientes por las restricciones impuestas.

Los psicólogos que trabajan con Obras Sociales y Prepagas vieron vulnerada su actividad por cierta actitud de estas empresas que no estarían midiendo realmente las implicancias de discontinuar muchos tratamientos psicológicos y psiquiátricos siendo que se esta evaluando a nivel global que la atención en salud mental seria prioritario por las graves consecuencias que el impacto del Covid está generando en la población mundial. Escuchamos además a los especialistas médicos remarcando esta necesidad, pero los gobiernos siguen desconociendo el alto impacto que traerá.

Ante esta complejidad debemos prestar atención a nuestro Autocuidado, priorizar actividades, mantener una rutina, ser flexibles frente a las nuevas modalidades de atención, intentar crear un espacio de trabajo dentro del hogar, realizar actividad física, sostener el contacto con amigos y familiares por medios electrónicos, restringir las horas dedicadas a las noticias, practicar meditación o mindfulness y técnicas de relajación, aprender algo nuevo (idioma, actividad creativa, etc), ser menos exigente con nosotros mismos, dejar de juzgarnos si contamos o no con todas las herramientas para dar respuesta a esta situación.

Para comprender este abordaje debemos recordar algunos conceptos que nos trae la psiconeuroinmunoendocrinologia (PNIE) que es la rama de la medicina que tiene por objeto el estudio de las relaciones entre los cuatro sistemas de control que tiene el organismo humano: el psicológico, el neurológico, el inmunológico y el endocrinológico. La PNIE comprende el estudio de los mecanismos regulatorios y de control del organismo.

Como señala Andrea Márquez López-Mato, nuestros pensamientos, actitudes y creencias crean condiciones del cuerpo a través de los sistemas de control homeostático del organismo. El estado emocional filtra y modula la percepción para que los estímulos ambientales, los factores psicosociales, los estresores que vivimos y en general todo aquello que nos importa produzcan determinados tipos de impacto sobre el cerebro. Este utiliza el eje hipotalámico hipófisis suprarrenal por un lado y el sistema vegetativo por el otro, para comunicarse con el sistema inmunológico. Son sistemas de comunicación entre las distintas partes del organismo, que deben funcionar armónicamente como un todo y en permanente interconexión con el medio en el que se desarrollan. Todas las vías que forman este sistema (psiconeuroinmunoendocrino) se interrelacionan permanentemente, resultando la alteración de cualquiera de ellas en disrupciones en todo el sistema. El Sistema Nervioso, el Sistema Endocrino y el Sistema Inmune actúan de manera interconectada para mantener la salud, su desregulación produce enfermedad que puede manifestarse en el plano físico o psicológico. Cualquier patología se expresa primordialmente en un sistema, pero conlleva, indefectiblemente una alteración en todo el resto del circuito.

Un evento disruptivo externo puede dejar trazas de alteración en el sistema. Sin embargo, la repercusión psicológica excede la orgánica, no todos responderemos de la misma manera ante el estrés, porque no depende la respuesta multimodal al estresor de la calidad del mismo sino de la evaluación cognitiva individual que cada uno hace sobre el mismo, “la vida no es solo lo que hacemos, sino los que nos pasa” y “todo vivir es convivir, hallándose siempre mi vida en medio de circunstancias” (Gasset)

Este evento disruptivo repercute en la vida de todos, produciendo grandes dificultades o peligros, durante el cual predominan los temores y las perdidas, como cada paciente atraviese esta circunstancia es un elemento para incorporar a la propia terapia. No siempre queda circunscripta a un tipo de modalidad sino a una respuesta esperable en un contexto excepcional. Sentirse abrumado, temeroso, confundido o insensibilizado es una reacción esperable. Cada persona reacciona de una manera diferente, en función a sus experiencias previas de eventos angustiantes, sus antecedentes de salud mental, los antecedentes familiares, su cultura, sus tradiciones, las personas solidarias en su vida.

Lo que hemos aprendido en la Asistencia Psicosocial en emergencias y desastres es que se debe prestar apoyo de una manera no invasiva, evaluando las necesidades y las preocupaciones. Por ello durante las diferentes etapas del confinamiento, llamo rutinariamente a Andrea, escuchando a su marido y a ella de manera respetuosa lo cual los reconforta y tranquiliza. Dando pautas de cuidado y recordándoles los números a donde pueden recurrir a nivel municipal cuando necesiten alguna respuesta específica, ya sea atención medica como lugares para vacunarse y ayuda para hacer tramites y compras.

Con Verónica, encontramos juntas pautas para limitar la cantidad de horas destinadas a lo laboral, y que durante el fin de semana solo realice actividades que le generen espacios de esparcimiento y descanso. Con Sandra se necesitó brindar apoyo emocional fomentando los sentimientos de seguridad, calma y conexión social. Acotando los días que permanece en Capital para no exponerse a los contagios viajando todos los días en transporte publico y coordinando con las otras cuidadoras, dividiendo por días de permanencia en el trabajo. Así solo viaja un día a la semana, permaneciendo tres días en el domicilio de la paciente y luego tiene 4 días para estar en su casa y realizar otro tipo de actividades.

La Pandemia no pide permiso, ni en los tratamientos de nuestros pacientes ni en nuestra vida cotidiana, el evento nos atraviesa. Por ello debemos hacer foco en el autocuidado, no olvidando que la misma pandemia nos involucra a todos. Recordar una y otra vez no juzgarnos, conectarnos con el presente y aumentar la dosis de las cosas que nos gratifican. Conectarnos emocionalmente con nuestros seres queridos, los que están mas cerca y los que están mas lejos físicamente, salir de la sensación de pausa que este confinamiento nos enfrenta, y proyectar lo posible.

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