“Licenciada, estoy cansado... pero no puedo dormir".
"Llego agotado a la noche, pero cuando apoyo la cabeza en la almohada, mi mente no para.". O también, “me despierto antes que suene el despertador y siento que el corazón late muy fuerte y eso me pone todavía más nervioso”.
Estas frases las escucho muy seguido en el consultorio.
Si te identificás con alguna de estas situaciones, quiero que sepas que no sos el único. El estrés, el insomnio y las palpitaciones suelen estar conectadas.
Cuando atravesamos períodos de mucha preocupación, responsabilidades, nuestro cerebro activa un mecanismo de defensa. Libera hormonas como la adrenalina y el cortisol para mantenernos alerta y preparados para actuar.
Muchas personas creen que "ya se les va a pasar" o que dormir mal forma parte de la rutina. Pero cuando el insomnio se instala, el estrés es constante o las palpitaciones generan preocupación, escuchar esas señales no significa alarmarse, sino darles el valor que tienen y consultar a tiempo puede marcar una gran diferencia.
El cuerpo tiene muchas formas de hablar. A veces lo hace con cansancio durante el día. Otras, con noches en vela o con un corazón que sentimos latir más fuerte de lo habitual.
Dormir bien no es un lujo, es una necesidad para la salud. Un descanso de calidad ayuda a recuperar el cuerpo y la mente, mejora la memoria y la concentración, fortalece el sistema inmunológico, disminuye el estrés, contribuye a prevenir enfermedades y regula las emociones.
Cuando trabajamos en consultorio el insomnio, no solo queremos que la persona duerma más cantidad de horas, sino que mejore su calidad de vida y esto implica trabajar de forma interdisciplinaria, hacer una consulta médica, especialmente si aparecen junto con dolor en el pecho, falta de aire, mareos y desmayos. También, realizar una consulta con un médico psiquiatra, cuando es necesario. El tratamiento farmacológico, supervisado por un profesional, puede ser efectivo cuando buscamos aliviar de forma temporaria los pensamientos recurrentes y negativos, que no nos permiten descansar. Pedir ayuda, necesitar medicación, no significa ser débil, sino una forma de cuidado. Lo importante, es encontrar el tratamiento mejor indicado para cada persona, con el fin de lograr un sueño reparador y recuperar la calidad de vida.
Algunas medidas simples pueden ayudar:
- No minimizar lo que sentís
- Evitar pantallas durante la hora previa al descanso.
- Reducir el consumo de café, mate, bebidas energizantes y alcohol, especialmente por la tarde
- Mantener horarios regulares para dormir y despertarse.
- Realizar actividad física de manera habitual.
- Buscar momentos durante el día para relajarse y desconectar, aunque sean solo unos minutos. Hay meditaciones basadas en la respiración abdominal y visualizaciones guiadas, pensadas como parte esencial del tratamiento del estrés.
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